500 kilómetros en coche bajo la tormenta de «Sandy»

Publicado: 30 octubre, 2012 en Clima, Noticias

La cancelación de vuelos en Estados Unidos propició la salida a las autopistas con las consiguientes situaciones de «imprudencia»
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Un coche con el agua hasta las ruedas en New York.

Ramas de árboles volando por medio de la autopista, ráfagas de agua y viento que zarandeaban con fuerza los vehículos y una gran falta de visibilidad fueron la experiencia del viaje entre Ohio y Washington que anoche hizo este corresponsal. Los 500 kilómetros del trayecto, bajo la constante e intensa tormenta de “Sandy”, constituyeron la imprudencia que las autoridades aconsejan no cometer en estas situaciones de emergencia, pero la suspensión de vuelos, la interrupción de la comunicación férrea y la agenda personal de trabajo justificaban el traslado.

En Youngstown, población de Ohio en la frontera con Pensilvania, había sido a media tarde el mítin electoral que iban a compartir Barack Obama y Bill Clinton. Al final, el presidente se quedó en la Blanca para coordinar la respuesta al huracán. Clinton acudió con el vicepresidente Joe Biden. “Sandy” aún no había tocado tierra, pero incluso en un lugar interior como Ohio la lluvia torrencial ya había hecho acto de presencia. A pesar de ello, los asistentes al acto -casi cinco mil personas- no amedrentaron, y pacientemente hicieron cola en la intemperie para entrar en el pabellón deportivo.

Terminado el mitin comenzó el viaje, en coche de alquiler -un Ford Escape que demostró ser muy estable- en lo que era casi un desplazamiento hacia el corazón del huracán. Lo que al principio solo era lluvia, pasó a ser pronto continuas sacudidas de agua y viento, con la necesidad de agarrar bien el volante cuando otros vehículos, sobre todo grandes camiones, circulaban a los lados. “Sandy” ya había entrado en el continente y avanzaba por el noroeste de Washington, sin atravesar directamente esa ciudad, lo que al menos permitió seguir circulando por la autopista hacia la capital estadounidense sin sufrir el zarpazo directo del huracán, aunque padeciendo sus coletazos.

Los momentos más peligrosos del trayecto fueron cuando ramas desprendidas de los árboles por la fuerza del viento -por suerte ningún gran tronco se había cruzado en el camino-, chocaban con los vehículos, provocando volantazos y quiebros que suben la adrenalina cuando se conduce a bastante velocidad y escaso control sobre los riesgos. Tres coches perdieron la dirección y salieron de la carretera.

Tras seis horas mirando fijo hacia adelante sin ver gran cosa, entrar en Washington supuso un momento de relajación. Fue entonces cuando llegó la multa -sólo de treinta dólares- por una falta de exceso leve de velocidad cometida justo delante de un coche de policía.

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